A poco de iniciar su gestión, en 2003, el gobernador José Alperovich afirmó que él iba a hacer más obras que Celestino Gelsi (1958-1962), a quien se recuerda como uno de los gobernadores más prolíficos de Tucumán.

Alperovich cumplirá en unos meses diez años de mandato (dos veces y media el tiempo que gobernó Gelsi) y pese a contar con el mayor presupuesto en la historia de la provincia, no alcanzó a realizar ni la mitad de las obras que concretó el abogado radical, fallecido en 1990, a los 75 años.

El "objetivo Gelsi" a superar no fue propuesto por los medios de comunicación ni por sus rivales políticos, sino por el mismo Alperovich. Con toda la plata, durante una década en la que tuvo el control de los tres poderes del Estado, las 19 intendencias, las 93 comunas y prácticamente sin oposición, no logró atarle los botines a Gelsi, como se dice vulgarmente.

No pudo ni siquiera terminar un hospital, el del Este, pese a que se ejecuta con fondos de la Nación. Gelsi inauguró dos: la Maternidad y el Hospital de Niños.

Se proyectaron grandes obras hídricas, pero la única que conocieron los tucumanos en estos diez años fue la de ver cómo se va colmatando y secando la que hizo Gelsi: el dique El Cadillal.

En lo que sí Alperovich ya ha pasado a la historia es en materia de seguridad: es la peor gestión en los más de cuatro siglos que tiene la provincia.

Casi no queda un solo tucumano que no haya sido víctima de algún delito en la última década. ¿Estadísticas? No las hay, porque el gobernador ha prohibido que la comunidad conozca las cifras oficiales. El escenario real se va construyendo en base a aportes de algunas organizaciones civiles, a coberturas periodísticas, a mapas del delito que van tejiendo los propios vecinos y al pequeño porcentaje de hechos denunciados que llegan a las comisarías.

Lo que está claro es que los pocos números que están disponibles, que confirman que es la peor gestión en materia de seguridad de Tucumán, deben ser bastante mejores que los guarismos reales. De lo contrario, el gobierno ya hubiera publicado los suyos para contrarrestar la creciente ola de críticas que soporta esta administración.

Según la Comisión de Víctimas de la Impunidad este gobierno suma casi 200 crímenes sin resolver. ¿Cuántos crímenes impunes serán en realidad?

El silencio del gobierno es espeluznante. La única vez que el gobernador dijo algo concreto sobre la inseguridad, además de que está trabajando fuerte, frase que repite casi a diario, fue en 2006, cuando dijo que sabía el nombre del asesino de Paulina Lebbos y que en unas horas lo daría a conocer. El próximo 26 de febrero se cumplen siete años de este crimen y la comunidad sigue sin conocer ese nombre.

Las cambios más importantes que llevó a cabo Alperovich en materia de seguridad fueron, además de gastar fortunas en cámaras de vigilancia y en equipamiento policial, remover al ministro Pablo Baillo en 2006, justamente por el crimen de Paulina, luego de que se confirmara que la Policía "trabajó" para ocultar pruebas y proteger a vaya uno a saber quién. Lo siguiente que hizo fue producto exclusivamente del escándalo mediático que produjo el fallo del juicio por la desaparición de María de los Angeles Verón. Para la tele, esta vez la tele nacional, cambió nombres en el Ministerio y en la Policía y cargó contra el Tribunal. Alperovich dijo ayer que no le aceptará la renuncia al juez Emilio Herrera Molina. Necesita someter a los tres jueces al escarnio público del juicio político -con final anticipado- para salvar su pellejo. No caben dudas de que este gobernador está haciendo historia.